miércoles, 22 de agosto de 2012

El campo = marginalidad


 
Definitivamente la verdadera marginalidad social reside en el campo, lo cual refleja una equivocada, inequitativa e injusta actitud de quienes ejercen el poder político. Debe aceptarse que los productos de bienes alimentarios para la supervivencia del conjunto de la población de un país, es suministrado por la producción agropecuaria, a la que habría que agregar la actividad pesquera, cuyos grandes actores son los hombres de mar, pescadores que arriesgan su vida al realizar sus faenas en frágiles embarcaciones (bongos, canoas).

Esta realidad la entienden los países desarrollados que subvencionan y proveen de seguros a la producción que se realiza en el campo, conscientes que quien trabaja en la zona rural no tiene las mismas comodidades que el hombre que habita en los centros urbanos, que está sometido a los intereses mercantilistas de los comerciantes o intermediarios y establecen un precio exento de todo tipo de control, es decir en la práctica cuando la cosecha del producto es buena y sube la oferta se bajan los precios a niveles que ni siquiera cubren costos de producción, en cambio cuando la cosecha es deficitaria sube un poco el precio, pero siendo el volumen de lo producido bajo, la situación es igual, la venta de productos no alcanza a cubrir costos, si a ello se adiciona que no existe control alguno sobre los insumos que se utilizan en los sembríos o en la producción ganadera. El productor campesino sigue siendo el gran marginado de la sociedad, huérfano de todo tipo de apoyo y solidaridad, su labor la desconocen las élites del poder político o burocrático.
 
Productos agrícolas exportables
Cuando hacemos el análisis del productor agropecuario que cuenta con poca o ninguna protección del Estado y sus autoridades, nos referimos al que se dedica a la producción de bienes que se consumen al interior del país: maíz, yuca, maní, papa, arroz, frutas: naranja, toronja, mandarina, limón, sandía, piña, naranjilla, mora, vegetales como: fréjol, lechuga, verduras en general, productos como leche, carne, huevos, que en general (salvo casos excepcionales), se venden y consumen en el país. Es obvio que los productos exportables: banano, flores, café, cacao, caña de azúcar, madera, productos acuícolas (camarón, tilapia) tienen mejores niveles de precio, aunque evidentemente la utilidad se queda en las grandes empresas exportadoras, esa situación también acontece con la pesca en la que el pequeño o mediano pescador está sujeto a lo que decida el comerciante intermediario o en último término la empresa exportadora.

Los nudos críticos del campo
Cuáles son los factores que conspiran contra un mejor tratamiento al sector rural, sin duda su abandono se debe en primer lugar, a la poca influencia política que tiene. Lamentablemente el hombre del campo no tiene poder de movilización para presionar la toma de decisiones que favorezcan un mejor tratamiento y preocupación de las autoridades, salvo el poder de movilización adquirido por el sector indígena que se organizó en la CONAIE, que les da algún nivel de influencia. Generalmente el campesino, el hombre de campo, está dedicado a su trabajo, su lucha por la vida es individual, no está organizado. Los que aparecen como dirigentes campesinos, se ponen un sombrero, pero pasan a vivir en las ciudades, son invitados para que viajen a la capital del país o a los grandes centros urbanos, en cuyos espacios de decisión política no tienen ningún peso, apenas sirven de comodines para una foto. Se quedan seducidos por el embeleso que les causa lo urbano, que hasta se olvidan lo que significa el verdadero trabajo de campo, pasan a ser parte del sector urbano. A eso hay que añadir que las obras de infraestructura para la producción agropecuaria no tienen prioridad, el último invierno de este año 2012, al menos en Manabí, sólo sirvió para demostrar que mientras muchas ciudades estaban inundadas de agua, acá no había agua para tomar, una inaceptable paradoja que desnudó la poca atención que se le da a la construcción de una adecuada infraestructura en el campo, en el que solo se sabe que existe un trabajo sacrificado que no tiene la debida retribución al esfuerzo realizado, que su vida es una aventura. Esa carencia de infraestructura incluye la falta de atención en materia de salud, la escasa atención que se le da en el área educativa, en la que los profesores buscan emigrar a la ciudad, quedando  escuelas  unidocentes, a lo que hay que añadir la falta de equipamiento, lo cual aumenta la marginalidad, si se considera que las políticas actuales en materia educativa apuntan a que todo niño tenga un computador para sus estudios y aprendizaje, cuidando obviamente que no tomen  esa herramienta tecnológica como una adicción, olvidando que hay que aprender a pensar y desarrollar la inteligencia.

Hay que admitir que en el caso de nuestra provincia, la represa de Poza Honda, la represa de La Esperanza y el trasvase de aguas de La Esperanza a Poza Honda, ha mejorado la infraestructura hídrica, están por verse los beneficios del Proyecto Múltiple Chone y las 2 etapas del Proyecto Carrizal–Chone, pero en todo caso, la asistencia técnica y crediticia es insuficiente, el seguro que se está implementando en la actualidad por parte del Ministerio de Agricultura busca proteger al pequeño productor, pero hay que tener claro, que las Compañías de Seguros nunca pierden, cuando deben pagar un siniestro siempre buscan pretextos para no hacerlo o pagar parcialmente su compromiso.





Buenas carreteras, malos servicios básicos
Es innegable que el actual gobierno del Presidente Econ. Rafael Correa ha realizado una muy buena reconstrucción vial de las principales carreteras del país, incluyendo las de Manabí, eso hay que aplaudirlo, la red vial secundaria que comunica con los centros productivos es deficiente, pero aparte de una deficitaria atención en salud y educación anteriormente comentada, en cuanto a servicios básicos, estos son de muy poca acción en el campo, el agua para consumo humano sigue siendo tomada de los ríos, esteros, albarradas, etc., el agua potable casi es desconocida en las zonas rurales. En materia de suministro de energía eléctrica de Manabí, a mediados de la década del año 70 (siglo pasado)hubo una agresiva campaña de electrificación rural, pero el mantenimiento del servicio es demorado y en consecuencia eso vuelve deficitario al servicio, en comunicaciones, la telefonía móvil contribuye mucho a tener una cobertura aceptable, en materia de seguridad no hay ninguna protección, el robo, el abigeato, son plagas que afectan al hombre de campo y eso lo perjudica, en ese aspecto la situación ha desmejorado, pues antes existió la Policía Rural que ayudaba mucho al campesino que se sentía protegido.

Producción: primer factor económico
La producción sobre todo la agropecuaria, es el más importante factor económico de una sociedad, en el Ecuador casi un 30% del conjunto de su población vive de ella, directa o indirectamente, aquello impone darle una mayor preocupación y privilegiar la inversión social en ese sector, nuestro país ha sido históricamente y sigue siendo agroexportador, es verdad que en la actualidad los principales ingresos que tiene el Estado, provienen de la exportación de petróleo crudo (a corto plazo también de la explotación minera) pero ese dinero circula en escasos sectores de la población, es un negocio que desgraciadamente está emparentado cercanamente con la corrupción, lo cual es socialmente depredador, por ello el circulante que genera la actividad agropecuaria tiene mayor incidencia en la calidad de vida de los sectores sociales más desprotegidos, en la que existe una pobreza creciente, “hay que volver los ojos al campo” es una receta económica que no ha pasado ni pasará de moda.

Hacia una sociedad bucólica o fisiocrática
No se trata de reivindicar la existencia de una sociedad bucólica en que se rinda homenaje a los pastores o a la vida campestre mediante versos que hagan una apología del trabajo ahí, los hombres de campo son realistas y como tales saben que “las tortillas se hacen con maíz y no con palabras” como lo afirmaba el revolucionario mejicano Emiliano Zapata, tampoco se trata de restaurar la teoría de Francisco Quesnay  (siglo XVII) que defendía la tesis, que la única actividad productiva generadora de riquezas, es labrar la tierra, sosteniendo la esterilidad social de la actividad mercantil e industrial. Esa tesis se enfrentó con la  del mercantilismo que sostenía que la riqueza dependía del comercio. No se trata de confrontar criterios, se trata de valorar en su justa dimensión y efecto,  la contribución social que realiza la actividad productiva del cultivo de la tierra,  se reclama  el apoyo que debe darse al habitante de la zona rural.

Buenos gobiernos o buenos inviernos
Es la expresión acuñada para graficar una realidad, en definitiva:  el hombre dedicado a la actividad agropecuaria depende de la bondad y el comportamiento de la naturaleza, que lamentablemente es imprevisible,  quien cultiva la tierra está a expensas de que existan buenos inviernos, la experiencia en Manabí nos enseña que durante épocas de sequía hubo una estampida de campesinos a zonas donde existen mayores precipitaciones lluviosas, eso explica el acelerado crecimiento que ha tenido Santo Domingo de los Tsáchilas y su zona de influencia, la región que más creció en el país, hacia esa zona emigraron muchos campesinos sobre todo de Manabí y Loja.

Hacia un cambio del modelo mercantil al productivo
En la actualidad prevalece la actividad comercial y de servicios, es decir, el sector terciario de la economía, en desmedro de la actividad económica primaria (la productiva), y de la actividad económica secundaria (industrial), incentivar con fuerza la actividad productiva y privilegiarla, es una medida válida que ayudará a descongestionar el acelerado crecimiento urbano y permitirá equilibrar una economía saludable para el bienestar general y sobre todo para los sectores de medianos y pequeños ingresos, que son los que más contribuyen a generar empleo y a la circulación de riqueza, aquella política disminuirá la concentración de la riqueza en pocas manos.

Orfandad de previsiones metereológicas
Lamentablemente las previsiones meteorológicas no ayudan en nada al hombre de campo, los criterios más cercanos son aquellos que prevén posibilidades de 50% de lluvia o no lluvia, la otra predicción es de carácter cruel, tal vez haya un invierno riguroso o de escasas lluvias, en definitiva no se puede anticipar confiablemente nada de los organismos del Estado encargados de hacerlo, sobre cuál será el comportamiento de la estación invernal, este hecho, simple y llanamente deja en la incertidumbre al hombre del campo, acostumbrado a predecir inviernos en base a su observación de la luna, a los calores más o menos fuertes que siente, a la formación de nubarrones. Incluso con mayor lógica advierte que el llamado “fenómeno del niño” es cíclico, a manera de referencia hubo este fenómeno entre los años 1982-1983, se repitió en 1998-1999, estaría por darse entre 2013-2014, en toda esta falta de predicciones con algún nivel de certeza, no se permite elaborar planes firmes para la actividad agropecuaria, hay que admitir que el hombre del campo no previno que la deforestación contribuiría a afectar la frecuencia e intensidad de las lluvias, en todo caso en el aspecto meteorológico no existen en el país predicciones que inspiren alguna seguridad, la mejor solución termina siendo “sacar el paraguas por si acaso llueve, o si no, se lo utiliza para neutralizar los rayos solares”, en eso no hay desacuerdos.

Escasez de mano de obra
La actividad agropecuaria es cada vez más escasa de mano de obra, aquello limita el emprendimiento, además de la irrefrenable migración del campo a la ciudad, aunque sí resulta una paradoja, que muchos de los migrantes a España fueron a trabajar en faenas de campo. Hoy el campesino trabaja solo media jornada en la mañana, el antiguo “de sol a sol”, es decir desde que el sol aparecía hasta que se ocultaba, es parte de los recuerdos, historia pasada. Esa situación también conspira para que exista una mayor actividad de pequeños o medianos empresarios agropecuarios.

Julio/2012

Palabras en el funeral de Horacio Hidrovo Peñaherrera

Horacio Hidrovo Peñaherrera y Medardo Mora Solórzano.



La muerte de Horacio nos entristece a los todos los manabitas. Su vida llena de realizaciones personales y sociales lo convierten en un inolvidable, merecedor de ser recordado siempre. Santa Ana y Portoviejo sus lugares de nacimiento y residencia, jamás dejarán de sentir el orgullo de haberlo tenido como uno de sus hijos predilectos, Manta le agradecerá eternamente el inmenso e inigualable legado cultural que dejó en su fecunda labor como Director del Departamento de Cultura de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, los Festivales Internacionales de Historia, Poesía, Teatro, Cuento, Danza, Los Festivales Nacionales de Coros, Concursos de Pintura, de Canto, de Oratoria, de Relato, de Poesía, su sueño de darle a Manta y Manabí una Orquesta Sinfónica, jamás dejarán de tener presencia en la memoria de quienes supieron de su excepcional apego a todo lo que significa manifestación cultural en el más exigente sentido de la palabra.

Por eso no es difícil encontrar palabras para honrar el nombre de Horacio Gandhi Hidrovo Peñaherrera,  sus nombres y apellidos ya significan una expresión de su pensamiento y su forma de proceder. Horacio como poeta, hacía honor al gran Horacio de las inimitables epístolas escritas en el esplendor de Grecia y Roma. Gandhi como el incansable luchador por la paz de la India, asesinado por la brutalidad de quienes promueven la guerra, el conflicto, el odio, el rencor, la venganza. Horacio inclaudicable en sus ideales y principios, nunca dejó de ser el batallador sin concesiones por los más elevados anhelos humanos, fue un verdadero socialista, como lo fue su ilustre padre, ambos caballeros a carta cabal, por eso no es fácil encontrar personas que sin abdicar o renunciar a su doctrina e ideales, llevan una vida decente.  Horacio se distinguía por esas cualidades, su corazón se agigantaba ante las pequeñeces humanas, prefería ignorarlas a perturbar la nobleza de su alma, purificada por su adhesión al lado bueno de la vida, sentía el latir permanentemente de la soberbia frase de ese consagrado novelista que fue su padre, “a pesar de todo la vida sigue siendo buena”. Horacio vivió una vida plena, la disfrutó sin treguas ni descanso, así como amaba intensamente escribir, se recreaba con tertulias que conocieron de noches interminables, de amaneceres con sabor al más puro placer de la vida, el deporte ocupaba parte de su existencia que procuraba llevarla con el mayor talante, con el cuerpo y frente erguidos, por todo aquello su vida la transitó con la dignidad de un hombre de bien, justo, solidario, leal, su caminar por las calles y caminos de Manabí supieron que Horacio no conoció de distingos de clases sociales, quería sentidamente una vida feliz para todos, por eso conversaba de sus inquietudes, de sus ilusiones, lo que conocía compartía.

Horacio fue un Doctor Honoris Causa de las letras, de la literatura, del conocimiento, su producción como escritor es cuantiosa, inconmensurable, sus merecimientos agotan cualquier posibilidad de describir en palabras su elevada estatura humana. Alcanzó con su obra las altas cumbres de las exigentes aspiraciones humanas, pero no conoció ni se envaneció con ambiciones bastardas, si alguna virtud debo relievar de Horacio era su desinterés, jamás buscó la opulencia, el enriquecimiento monetario, era un hombre honesto de mente y acción. El egoísmo, la envidia, la mezquindad, solo lograban su reproche, gozaba siendo guía y formador de juventudes, para volverlos mejores ciudadanos, el patrimonio que construyó con su trabajo y esfuerzo, la “Casa de Horacio”, la convirtió en un espacio para la promoción cultural, su casa dejó de ser un hogar privado para convertirse en un espacio para el quehacer cultural, cuántas ocasiones aquel sitio como él lo quería, lo disfrutó todo Portoviejo y todo Manabí, fue el escenario donde se organizaban veladas en las que se gozaba con la amistad fraterna, esa amistad sin condiciones ni límites, que él profesaba, la voz de sus amigos cantantes, el charrasqueo de guitarras y otros instrumentos musicales sonaban para el deleite de los asistentes, aquellas reuniones fueron saborizadas con brindis de copetines de nuestra tierra montubia, de bocadillos brindados con sentido afecto, su único deseo era hacer sentir bien a sus convidados, era un poeta que amaba hacer partícipe a sus amigos de sus vivencias, sus esperanzas, sus sueños, sus añoranzas.

La Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí le debe el más profundo agradecimiento a Horacio, es una institución que tuvo la fortuna de contar con su colaboración talentosa, creativa, dedicada, sin horario, estábamos conscientes como institución que teníamos el privilegio de tener en nuestro claustro al más grande promotor y activista cultural del Ecuador de los últimos 50 años, lo afirmo con todo el respeto y consideraciones que tengo para quienes han entregado su aporte a todo lo que significa manifestaciones del arte, del espíritu, aquello explica las frases que pronunció el exigente crítico literario y filósofo Dr. Fernando Tinajero, en la presentación de su Antología Poética en el Palacio de Cristal de Guayaquil, Horacio es único, es el auténtico poeta de la periferia del país, jamás se dejó contaminar por las enfermedades de la sociedad, por esa manera de ser nunca quiso separarse de su querida Manabí, aquí se sentía mejor que en ninguna otra parte, era un hombre de mundo, por eso apreciaba en su verdadera dimensión las bondades de su tierra manabita, por todo ello, su pensamiento, su voz oral o escrita, nunca dejó de ser revolucionaria, era un convencido que podíamos tener una mejor patria, su hábitat natural fue el del escritor de vocación y convicción, eso explica el porqué no aceptaba incursionar en el ámbito de la política,  su oficio, su pasión, era sembrar vida verdaderamente humana en el espíritu de la personas, hoy su hija Tatiana, brilla con luz propia, haciendo quedar muy bien a Manabí desde la Presidencia del Centro Cívico “Ciudad Alfaro”.

No debo extenderme más, el duelo de Horacio es un duelo que alcanza a todo Manabí, al campo y la ciudad, su fallecimiento enluta la cultura nacional y latinoamericana, en la que se ganó un gran espacio de cariño y distinción. Te vamos a extrañar mucho mi querido Horacio, te despides de la vida sin molestar a nadie, tu mente luminosa nos seguirá acompañando con el aliento de su optimismo y las páginas en blanco de anhelos espirituales que nos dejaste para que la escriban los que coincidían contigo el sueño de construir una sociedad libre, racional, humana, fraterna, donde jamás se deje de respirar el aire fresco y estimulante de la moral y la justicia.

 Descansa en paz Horacio.

Junio 8/2012

martes, 21 de agosto de 2012

Alfaro y Plaza, pasión y traición



He realizado una lectura rápida del libro que con el auspicio de la  Editorial “Mar Abierto” de la Universidad Laica “Eloy Alfaro” de Manabí,  publica el intelectual manabita Gino Martini Robles, libro en el que  enfoca, con amplios y claros criterios, dos actitudes que sin duda tienen una estrecha vinculación con los comportamientos humanos: la pasión y la traición, la pasión capaz de generar las más encendidas  emociones o las más desconsoladoras vivencias, la traición que solo genera decepciones, desengaños, desprecio, resentimientos, rechazo, por la bajeza de esa injustificable e inaceptable actitud, de quienes no son capaces de tener la más elemental consecuencia para los que les han extendido su mano generosa y su amistad sincera y sin condiciones.

La obra que tiene un bien hilvanado sustento literario, está combinada con análisis de orden histórico, desarrolla las motivaciones y consecuencias de la pasión y la traición, describe sus características y las personifica con actores de la vida real, procurando poner en evidencia estas actitudes, para un  entendimiento de las reacciones humanas o las realidades sociales. El autor con pensamiento creativo y novedoso, analiza estos dos aspectos, vinculándolos al más transcendente proceso de transformación y construcción de un nuevo Ecuador que se produce con la  Revolución Alfarista de fines del siglo XIX y principios del XX,  proceso encabezado por un extraordinario ser humano y líder competente, de vastos conocimientos y clara comprensión del heterogéneo tejido social,  como lo fue el General manabita Eloy Alfaro Delgado, además de histórica,  la obra tiene la virtud de ser narrada con un estilo literario del género de la novela,  el autor demuestra ser poseedor de un pensamiento que permite captar la curiosidad del lector, de despertar su afán por conocer.  Haciendo gala de buen uso del lenguaje relata episodios de una etapa de la vida republicana, en la que están presentes la ironía y la crítica mordaz para lograr una bien sazonada narración, el indispensable ingrediente con una buena dosis de comentarios o análisis que apuestan por la sátira de buen gusto, por la incorporación del humor, que tanto atrae a quienes gustan de la lectura de algo descrito con inteligencia, con el debido conocimiento de episodios y partícipes, que  permitan ser  sarcástico en el análisis de algún acontecimiento o personaje a los que se refiere.

La pasión de Alfaro por construir una mejor patria, su vehemencia porque  brille la justicia, su lucha para que la libertad sea un derecho inseparable de la vida de las personas, su invariable anhelo porque la igualdad de derechos y oportunidades sea una alegre realidad, su sueño porque la armonía social sea el indispensable insumo para cultivar un ambiente de paz, su firme convicción porque la honestidad jamás deje de ser práctica permanente en la conducta de las personas, su propósito confeso y militante porque exista un país que garantice a plenitud el pleno goce de los derechos y garantías fundamentales de las personas, su adhesión sin renunciamientos ni falsos pudores porque la dignidad sea un atributo que forme parte de la vida en sociedad, su creencia sin dubitaciones porque exista una conciencia civilizada que respete derechos y se asuman concomitantemente responsabilidades, ese Alfaro que le confía a Vargas Vila, que sabe que los pícaros, los fanáticos, los farsantes, los desleales, lo traicionarán y  asesinarán,  el que con clara visión de lo que es la conducta humana y sus contradicciones, sabe que su sangre derramada levantará al país. La pasión por servir a sus semejantes, lo lleva a exclamar “la muerte no es nada, pero vivir vencido y sin gloria es morir cada día”. A esa postura de un hombre íntegro, idealista, merecedor de la confianza colectiva, se opone la del “amigo” que busca aprovecharse, que abusa de la sinceridad y buena fe, aquel personaje existe y es el que termina haciendo víctima de su actitud repulsiva a quien lo ha servido, ese “hombre hiena” que muestra sus dientes con una sonrisa falsa, cuando ataca a quien le ha brindado confianza, es el que no vacila en adular y hasta parece amable, pero en el interior de sus oscuros sentimientos está preparando el ataque a su benefactor, ese ser normalmente mediocre pero ambicioso de poder o dinero, es en la obra de Gino Martini Robles, representado por el general Leonidas Plaza, a quien Alfaro distinguió con su amistad y aprecio, ese “Placita” como lo llamaba inicialmente, es el que según el autor, por su desmesurada ambición de poder traiciona a quien le permitió crecer y formarse bajo su tutela, bajo su sombra, los hechos delatan la ambición de Plaza, aprovecha su buen físico y presencia y se casa con una miembro del feudalismo de la Sierra, por su cercanía y con el apoyo de Alfaro se hace Presidente del país, en el ocaso de Alfaro saca las garras y en la división de las huestes liberales mata a su contrincante el General Julio Andrade.
 
 Lo antes expuesto hace que el libro de Gino Martini Robles, se convierta en una valiosa contribución a la bibliografía de nuestro Manabí, que afortunadamente ha tenido personajes que con su intelecto, no solamente se han destacado al interior de los linderos provinciales, sino que han gozado de un reconocido prestigio nacional e incluso han traspasado con su producción intelectual, por su contribución a las mejores causas sociales, las fronteras patrias. Concluyo afirmando sin reservas, que es un libro que merece ser leído como  importante aporte a todo lo que vivió el país durante la Revolución Liberal que triunfa en 1895 y termina con la muerte de Alfaro en 1912, con posterioridad a aquello, el rostro social y humano que le inyectó Alfaro, degeneró en un liberalismo mercantilista e individualista, en el que el interés privado y el apetito por enriquecerse de unos pocos, sepultaron todo vestigio del proceso auténticamente revolucionario mentalizado y liderado por el inmenso General de Montecristi.